Oscar Schmidt 馃弨 Rechaz贸 jugar en la NBA 馃弨 mejor baloncesto del mundo por jugar con la selecci贸n nacional de Brasil 馃檹 y les gan贸 a Estados Unidos en su Pais anot贸 47 puntos ellos inventaron el baloncesto 馃弨 pero Oscar Schmidt 馃弨 fue grande 馃檹
Maravillosa la carta que le ha dedicado la Federaci贸n brasile帽a de baloncesto a Oscar Schmidt:
Una semana.
Siete d铆as desde que el silencio se hizo m谩s ensordecedor que cualquier pabell贸n lleno. Y, sin embargo, parece que Oscar solo se ha retirado del partido por unos minutos, de esos en los que sabemos que la estrella va a volver y a decidir el partido.
No es solo nostalgia. Es como si faltara una parte de lo que 茅l nos ense帽aba, sin decir nada, lo que era ser grande de verdad.
Nunca fuiste solo un lanzamiento. Nunca fuiste solo un n煤mero, un r茅cord o una canasta imposible. Fuiste disciplina cuando nadie miraba. Fuiste perseverancia cuando ya estabas cansado. Fuiste la decisi贸n, cada d铆a, de seguir adelante.
Y eso perdura.
Queda el ejemplo del hombre que llegaba antes, se marchaba despu茅s y a煤n as铆 se llevaba el partido a casa. El padre presente. El marido 铆ntegro. El tipo que entend铆a que la grandeza no se construye solo en la cancha, sino en la forma de vivir.
Tambi茅n queda algo excepcional: el amor sin l铆mites por Brasil. Sin intereses. Sin c谩lculos. Un amor que se desbordaba en la forma de vestir la camiseta, de hablar del pa铆s, de jugar como si cada bal贸n llevara consigo algo m谩s que puntos, llevara consigo la identidad.
Hiciste creer a mucha gente.
Creer que se puede ir m谩s all谩 del talento. Que se puede insistir cuando parece que no va a salir bien. Que se puede ser un gigante sin perder lo esencial.
Hoy, una semana despu茅s, la sensaci贸n es que el juego ha cambiado, pero no ha terminado. Porque dejaste m谩s que un recuerdo. Dejaste un camino.
Hay un ni帽o en alguna calle, con una camiseta demasiado grande, mirando al frente y so帽ando. Y, aunque no sepa explicarlo, est谩 siguiendo tus pasos.
As铆 es como sigues vivo.
Gracias por todo, Oscar.
El cron贸metro puede haber llegado a cero, pero la inspiraci贸n… esa nunca se acaba.

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